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LITURGIA
Recuerdo como, cuando era un niño, mi corazón latía con mucha fuerza cuando mi madre sacaba el “bolso de la playa” y salían de él los bañadores, toallas, “chancas de deo” y demás aperos de labor playera que llevaban un año escondidos en algún armario.
Empezaba entoncesel pase de modelos de ropa de baño y cada uno se acomodaba como podía dentro del bañador del año pasado, en espera de que se pudiera ir a comprar algún q otro bañador nuevo, era el momento en el q se heredaban los bañadores de los hermanos mayores, en fins, una vez perfectamente equipados nos dirigíamos a la playa.
Al llegar allí volaban“chancas de deo”, pantalones cortos y camisetas y comenzaba la loca carrera por llegar el primero al agua.
El frío del agua en los pies el primer día de playa del año, es una sensación indescriptible, tan solo superada por la primera vez que te sumergías totalmente, y el agua te cubría los oídos,
era entonces cuando solo oías tu corazón.
Pero nunca me metía de golpe, corría hasta que los pies se metían en el agua, y luego mirando al mar comenzaba mi liturgia particular, me iba metiendo poco a poco despacito, hasta la rodilla, hasta el muslo, hasta…. agggghhh, hasta la cintura, la barriga, el pecho y por fin los hombros y la cabeza, me dejaba caer hasta el fondo y permanecía allí sentado los pocos segundos que podía, quieto, percibiendo sin ver lo que me rodeaba.
Mi padre se ponía sus aletas sus gafas y su tubo y se iba a buscar coquinas, de esas de las que ya no hay, grandesy gordas como dátiles, cuando llenaba la bolsa volvía a la orilla y allí le esperaba yo, para poder quitarle las gafas y meterme en el agua a ver que había por allí, pero, a pesar de llevar ya un buen rato en el agua y de tener los labios moraitos de frío, no memetía de golpe en el agua con las gafas de buceo de mi padre. Comenzaba de nuevo mi liturgia.
Me sentaba en la orilla, las enjuagaba, les echaba la consabida saliva para que no se empañaran, me las ajustaba bien a la cara, colocaba el tubo en su sitio, comprobaba que pudiera respirar bien, y lentamente me sumergía y me quedaba quieto en el fondo, mirando, ahora, hacia el interior de ese mundo que tanto me fascinaba.
Han pasado ya unos añitos, y parte de esa liturgia ya no se cumple, ya no tengo que esperar que llegue “el buen tiempo” para ir a la playa, voy cuando quiero, ahora soy yo el que saca el bolso “de las cosas de la playa” y reparte bañadores y toallas, pero sin embargo conservo esa liturgia a la hora de meterme en el agua, llego corriendo a la orilla, aunque mi hija siempre llega antes que yo, antes por que la dejaba ganar y ahora por que corre mas que yo, y meto los pies…
“…y luego mirando al mar comienza mi liturgia particular, me meto poco a poco despacito, hasta la rodilla, hasta el muslo, hasta…. agggghhh, hasta la cintura, la barriga, el pecho y por fin los hombros y la cabeza, me dejo caer hasta el fondo y permanezcoallí sentado los pocos segundos que puedo, quieto, percibiendo sin ver lo que me rodea…”